
Zas se levantó aquella mañana y todos apreciaron un extraño color gris en su piel. Le preguntaban por su estado y solo daba respuestas vanas y monosílabos. La tarde caía y seguía en esa monotonía. Al día siguiente igual, quizás hasta peor. Pasaron varios días así antes de ir al médico. El médico le dijo que estaba bien de todo y su salud era buena. A instancias de sus padres fue a un curandero y un sanador. Amos le dijeron que estaba mal, pero no le dijeron porque. Solo que su alma estaba enferma.
Yendo a visitar a sus abuelos el abuelo de Zas elevo la voz desde su sillón de donde apenas se apeaba y le dijo:
-Zaaaaas, Estas mal.
-Ya lo sé abuelo
-¿Porque no te curas?
-Por que nadie sabe lo que tengo.
El abuelo de Zas se acerco lentamente a su oreja y con voz casi apagada le dijo en un susurro.
-Es normal tener el alma enferma en una sociedad como esta. Lo realmente preocupante seria que te encontraras bien en un mundo tan nocivo. El abuelo de Zas se apartó. Entonces la sonrisa se instaló en la cara por parte de ambos.


